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soleerikaPor Erika Pais

Es esperable, claro y cierto que cuando se abraza la filosofía, seamos buenos o malos, libres o dogmáticos en su comprensión y en su estudio; o claros, superficiales y/o profundos en la expresión y ponencia de las ideas, imágenes, conceptos, sentimientos o análisis que de ella nacen en nosotros, las plasmemos en un papel.

Porque aquellos que somos hijos de la filosofía, sea cual sea la forma en que hayamos sido concebidos como tal, sea por elección atávica, por misión, por accidente, por amor, por ignorancia, por educación, karma, consecuencia o inconsciente osadía y tengamos el "nivel" o "carisma" que tengamos como voceros de ésta, haremos una lectura de aquellas experiencias de las que fuimos partícipes o testigos.Si tengo que elegir y mencionar el tema medular que durante estos últimos 4 meses ha sostenido, nutrido, creado, provocado y manifestado materialmente esta etapa de la Obra que abrazamos podría decir que es el Amor.

Quizás muchos de nosotros de inmediato pensemos que el Amor es un tema recurrente en este camino. Pensaríamos que no sería nada nuevo u original mencionar o escribir sobre cómo este valor opera e influye continuamente en todo lo que hacemos y que, además, lo hacemos por El.

Y que por consiguiente, es normal y hasta obligatorio pensar en El, en el Amor, cuando nos detenemos un segundo a contemplar nuestras Obras cotidianas.

Muchos de inmediato dejaríamos de leer estas líneas porque especulariamos que éstas hablarían sobre lo que todos ya conocemos y asimilamos a nuestro ser a través de las miles de enseñanzas con las que fuimos honrados y mensajes con los que fuimos instruidos y consolados.

El Valor por el que decidimos luchar y el que nos empujó a hacer una elección de vida.

El Amor.

Pero esta vez quisiera exprimirme sobre esa faceta del amor que, aunque late perenne y constantemente en nosotros, frente a nosotros, dentro de nosotros y fuera de nosotros, no lo entendemos ni lo consideramos como una expresión material de éste. No lo asociamos a éste; simplemente porque no posee una carga amorosa o pasional vibrante y conmovedora. Aparentemente no produce emociones orgásmicas, ni químicas, o narcotizantes que nos garantice el estar experimentando una experiencia evolutiva espiritual. Pero sin embargo esta faceta descartada en la inconsciencia es el resultado extasiante de la verdadera y última realización de El.

El Amor como vehículo de nuestro espíritu.

El Amor que existe después del amor.

Ese que nunca llegamos a tocar porque nos quedamos paralizados experimentando físicamente aquel tipo de amor que produce sensaciones y hace posible que se manifiesten las señales frente a nosotros.

Aquel que nos hace temblar, llorar, erizar y querer acariciar al que esté a nuestro lado porque lo reconocemos como parte de nosotros, sentimos que podemos amar finalmente a nuestro semejante olvidando las diferencias y cruzando los límites inculcados. Aquel amor que por unas milésimas de segundos nos posee y comprendemos la Ley de la Vida, que nos hace querer ser fieles, buenos, justos porque cuando esta en nosotros nos produce el placer que solo la realización en la consciencia puede producir y deseamos que esa sensación se quede en nosotros para siempre. Ese amor romántico que nos une con otros inspirado en historias de vidas, de soledades, amistades, experiencias, pero que desgraciadamente vive solo mientras genere sensaciones palpables y estados de ánimos placenteros y por lo tanto muere y renace continuamente de acuerdo a las circunstancias que lo alimenten y hagan posible su expresión.

Un valor Importantísimo porque es el motor de las manifestaciones Divinas que nos congojan y consuelan pero que irremediablemente tiende a esfumarse una vez que sacia el espíritu humano.

Una pandemia azotó al planeta. Ricos, pobres, ateos, creyentes, buenos, malos, morales e inmorales todos sometidos a una única, implacable, inteligente y eficaz unidad de medida.

Un escenario apocalíptico anunciado desde bíblica memoria y en el cual nuestros más íntimos razgos humanos y espirituales debían comenzar a manifestarse. Los últimos tendrían la oportunidad de realizarse como primeros y los primeros se enfrentarían con los miedos que el cansancio por la resistencia y el pasar del tiempo cristalizan irremediablemente.

Un escenario donde ciertamente la luz y la ausencia de ésta se enfrentarían continuamente para hacer posible que los frutos germinen y florezcan independientemente si eran buenos, malos o ni uno o el otro.

Acciones, consecuencias y causalidades se sucedieron una a la otra mientras atravesabamos los signos y los acontecimientos no hacían más que reproducir las profecías. Mientras tanto nuestros espíritus vivían la experiencia entre estos dos amores. Saciandose de uno porque la Justicia está en acto finalmente frente a nuestros ojos y comenzando a percibir el otro.

Mientras tanto el Cielo hace avanzar las agujas del reloj del no tiempo.

El océano se presta a ser el cigoto de los seres dispuestos a nacer de nuevo en las arenas milenarias. El Maestro con un simple ritual invita a abrazar el verdadero Amor reabriendo las puertas del Sagrado Templo donde es posible escuchar el sonido melodioso y único que produce el pronunciar el nombre del Padre.

El Sol celebra el renacer de la Genética Solar con una danza Celestial que encierra en si misma la Potencia de la Creación.

Y nosotros atravesamos nuestro infierno viajando a las profundidades más oscuras escondidas en nuestro interior para recoger con nuestras manos heridas los restos que permanecen. Buscamos incansablemente intentar entender que razones encierra para nosotros lo que está aconteciendo y descubrimos que simplemente se trata de abrazar lo que queda en nosotros después de todo.

Aquello que queda luego que el corazón deja de latir rápido impulsado por las ansiedades, lo que queda después de las alegrías, los encuentros, los objetivos alcanzados, las expresiones. Lo que queda después de las emociones. Lo que sobrevive cuando sentimos morir y luego renacemos. Cuando nos miramos al espejo de nuestras pasiones y comprendemos nuestros límites al interpretar la Vida.

Cuando sentimos que todo termina pero sin embargo apenas esta comenzando.

Solamente luego de todo eso podremos ver claramente que es lo que emana de nosotros y quien es el Ser que ha pedido al Padre volver a nacer en un bautismo de Fuego hecho con Agua. Y comprenderemos que el verdadero fruto de nuestros espíritus es conocer el Amor que hay después del amor.

Erika Pais
7 de Junio 2020

 

Adjuntos:

- 31-05-20 El fuego crístico
https://www.thebongiovannifamily.com/cronicas-de-las-arcas-2020/9092-el-fuego-cristico.html

- 3-06-20 A la orilla del mar
https://www.thebongiovannifamily.com/cronicas-de-las-arcas-2020/9098-a-la-orilla-del-mar.html

 

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