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amonestacionDe Francesca Panfili
Han sido duras y directas las palabras que el Papa Francisco ha expresado ayer durante la misa privada en el santuario de la Divina Misericordia de Roma. El Pontífice ha salido de los muros Vaticanos para la celebración dominical y ha invitado a la reflexión a los fieles de todo el mundo sobre el peligro de un virus que está presente en los hombres mucho más peligroso y contagioso que el actual, es decir el virus del “egoísmo indiferente”. El verdadero peligro para Bergoglio es "olvidar al que se quedó atrás" refiriéndose a los indefensos y a los pobres del mundo que también tenemos en gran cantidad en nuestra sociedad occidental.
"El egoísmo indiferente - ha insistido el Papa - que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí", pensando solo en intereses egoístas y personales en perjuicio de aquellos colectivos y humanitarios.
El riesgo que el Papa entrevé en esta fase de recuperación es la posibilidad que el egoísmo nos lleve a “seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar en el altar del progreso al que se queda atrás. Pero esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren. Todos somos frágiles, iguales y valiosos”, ha agregado el Obispo de Roma.
“¡Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad!” ha insistito el Papa exhortando a pensar en un nuevo paradigma económico basado sobre los valores del Evangelio. Su invitación es a aprender de “las primeras comunidades cristianas, de las que se habla en los Hechos de los Apóstoles. Había recibido misericordia y vivía con misericordia: "Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno”. Esto para Bergoglio “no es ideologia sino cristianismo”.
Después del domingo de Pascuas, ayer era el día de la celebración de la resurrección del discípulo. “La resurrección del discípulo comenzó en ese momento, en esa misericordia fiel y paciente, en ese descubrimiento de que Dios no se cansa de tendernos la mano para levantarnos de nuestras caídas”, ha dicho el Papa refiriéndose al momento en que los discípulos se sintieron culpables por haber abandonado al Señor durante la Pasión “Pero Jesús, cuando fue a encontrarse con ellos, no les dio largos sermones. Sabía que estaban heridos por dentro, y les mostró sus propias llagas”. Cuando Tomás, que era el más escéptico de todos ellos, le toca descubre el amor de Cristo. “Al tocarlas descubrió lo que Jesús había sufrido por él, que lo había abandonado. En esas heridas tocó con sus propias manos la cercanía amorosa de Dios. Abraza la misericordia, superó a los otros discípulos; no creyó sólo en su resurrección, sino también en el amor infinito de Dios. E hizo la confesión de fe más sencilla y hermosa: “Mi Señor y mi Dios!”. Esto para Bergoglio es la resurrección del discípulo.
Con respecto a la prueba que el coronavirus representa para la humanidad, Papa Francisco ha afirmado que “Dios quiere que lo veamos así: no como un patrón con quien tenemos que ajustar cuentas, sino como nuestro padre, que nos levanta siempre. La mano que nos hace levantar siempre es la misericordia - ha precisado Bergoglio - Dios sabe que sin misericordia nos quedamos tirados en el suelo, que para caminar necesitamos que vuelvan a ponernos en pie”.
El covid-19 para Francesco le ha hecho ver al hombre dudas, fragilidad y temores y lo ha vuelto consciente de que "Necesitamos al Señor, que ve en nosotros, más allá de nuestra fragilidad, una belleza perdurable. Con Él descubrimos que somos valiosos en nuestra debilidad – dice Bergoglio- Nos damos cuenta de que somos como cristales hermosísimos, frágiles y preciosos al mismo tiempo. Y si, como el cristal, somos transparentes ante Él, su luz, la luz de la misericordia brilla en nosotros y, por medio nuestro, en el mundo”.
En conclusión el Papa se dirige a las instituciones europeas y nacionales: “Que la misericordia cristiana también inspire la justa comunión entre las naciones y sus instituciones, para afrontar la presente crisis de manera solidaria”.
El Pontífice mira al futuro con esperanza: el coronavirus puede ser la ocasión para “reparar las injusticias”. Que lo que está pasando “nos sacuda por dentro. ¡Es tiempo de eliminar las desigualdades!”.
El fin de este momento duro para la humanidad según el Papa Francisco es “Aprovechar esta prueba como una oportunidad para preparar el mañana de todos. Porque sin una visión en conjunto nadie tendrá futuro”.

Francesca Panfili
20 de Abril 2020

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