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Índice del artículo



Nuestra unión es un objetivo obligatorio que tenemos que lograr, si no llegáramos a hacerlo la pena será la segunda muerte, repito: la segunda muerte. Lo digo por tercera vez: la pena será la segunda muerte. Yo iré a la segunda muerte si no doy mi vida por la unión de todos los hermanos de las Arcas. Si veo que hay desunión, humildemente lo reconozco, pero para evitar la segunda muerte tengo que dar la vida, renegar de mi familia, dejar todo lo que poseo (por más que no tengo nada, solo el amor de mi familia). Si no lo logro significará que no he tenido la fuerza, el amor crístico como para lograr unir a mis hermanos y entonces tendré que buscar una causa para servir y tendré que morir por la misma. Tendré que dar la vida. Por consiguiente vosotros tenéis que hacer lo mismo. Yo no puedo pagar por todos, cada uno responde por si mismo. Este es el mensaje universal, temenos una gracia, un don, pero también tenemos una obligación irreversible. Por los hermanos que se han ido no podemos hacer nada, es su libre decisión, podemos llamarlos alguna vez si la vida nos da la oportunidad y decirles: “-Hola Hermano ¿cómo estás? ¿Quieres venir? Viene Giorgio”. “-No, no me interesa”. “-Ok, hasta pronto, gracias”. Pero nosotros que estamos en la Obra, nosotros que hemos dicho que si, no tenemos ninguna justificación. Tenemos que estar unidos, si no lo logramos significará que en realidad nunca hemos creído. ¿Queda claro? No podemos imponerle a los demás que estén con nosotros, pero tenemos que imponernos a nosotros mismos que tenemos que estar unidos, eso si.

Al escuchar el mensaje de hoy me hizo acordar que he leído algunas partes del Evangelio de Juan en el que Cristo dice: “-‘Y al que me ama, mi Padre lo amará, y también yo lo amaré y me manifestaré a él’. Judas, no el Iscariote, le pregunta: ‘-Señor, ¿y cómo es eso de que te has de manifestar a nosotros y no al mundo?’.  Jesús le contestó: ‘-Si uno me ama, guardará mi palabra, mi Padre lo amará y vendremos a él para fijar morada en él. El que no me ama, no guarda mis palabras. La palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Estas son las cosas que tenía que deciros mientras estoy con vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo, y os recordará cuanto os he dicho yo. La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, la doy yo. No se turbe vuestro corazón ni sienta miedo. Ya habéis oído lo que os dije: me voy, pero volveré a vosotros. Si me amarais, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, porque está al llegar el jefe del mundo. Contra mí nada puede; pero el mundo tiene que saber que yo amo al Padre, y que actúo de acuerdo con lo que el Padre me ordenó’.” Giorgio, tu me haces recordar este pasaje del Evangelio.

Tú lo has dicho. Es la verdad, así es. El Espíritu de Verdad está en medio de vosotros.

Giorgio, cuando el hermano leía las Escrituras ¿se refería a ti directamente?

Se refería al Espíritu de Verdad.

Si, de la Verdad, pero te estuve mirando y me di cuenta que te emocionaste y también vi que en tu frente se formó una cruz. A menudo se manifiesta cuando te emocionas, al menos en las conferencias. He notado eso. Es lo único que quería decir. Gracias.

Gracias a ti querido. El tuyo es un testimonio.

¿Todas las enseñanzas de Cristo que fueron transcritas en el Nuevo Testamento existían desde antes?

Existían en la memoria del Sol, porque Cristo es el Sol. Patricio, luego analizaremos mejor este concepto, mientras tanto te dejo con algo para reflexionar. Cristo vino para dejar en evidencia la Ley del Padre Adonay, para desenmascarar al dios de la materia, que es Yavé y para dividirlos para crear el Nuevo Testamento; porque el Antiguo Testamento es un juego diabólico y solar entre Adonay y Yavé. Cristo, el hijo de Adonay, dijo la verdad: “Está allí, no está allá”. En cambio piensa en estas palabras que encuentras en la Biblia: “Levántate, ve a conquistar ese Pueblo, viola a sus hijos, asesínalos y conquístalos. Yo soy el Dios de los Ejércitos y te lo ordeno”. Mientras que en cambio, en otro pasaje encontramos: “Levántate, reúne a tu pueblo y marcha hacia la tierra prometida. Yo haré milagros para abrirte el camino y eliminaré a tus enemigos”. No dice que los matará, sino “Lo haré con las fuerzas de la naturaleza”, es decir, con el Mar Rojo, con el Diluvio Universal. Entonces ¿quién es el Dios que gobierna los elementos de la naturaleza y quién es el Dios que le ordena a los Judíos que maten a sus hermanos de otros países y que viole a sus hijos? Viene Cristo y dice: “Os ha sido dicho: ama a tus hermanos y odia a tu enemigo. Pero yo os digo que tenéis que amar a vuestros enemigos”.  Entonces Cristo va en contra de un Dios. ¿De cuál Dios? ¿De Su Padre? No… de otro Dios. Más adelante lo seguiremos analizando.
Hasta mañana.

La reunión termina aquí. Es tarde, vamos todos juntos a cenar a un gran restaurante que no queda muy lejos del arca para luego abrazarnos y citarnos para el día siguiente, por la mañana, el tan esperado día de la Santa Pascua.


                                          ANNO DOMINI 2013 SANTA PASCUA DE RESURRECCIÓN
                                               REUNIÓN DE TODAS LAS ARCAS DE SUDAMÉRICA

Por la mañana se cumple por enésima vez el prodigio de la sangración. Ese cuerpo martirizado tendido en un blanco sudario casi exánime recobra vida lentamente. El Cáliz está vivo. Su latido de Amor es más fuerte que el sufrimiento y una vez más vence a la muerte. Giorgio se levanta muy despacio. Con movimientos delicados y ligeros comienza a vestirse. Las heridas aún están abiertas y frescas en sus manos, pies y costado. Afuera del hotel nos esperan Inés y los demás hermanos del Arca de Rosario, incluidos todos los jóvenes. Lo ven llegar envuelto por una luz etérea, ungido por una energía que aturde por lo fuerte que es. Sube al coche y nos encaminamos juntos hacia la localidad ubicada en la provincia de Buenos Aires en la que nos esperan todos los demás hermanos.
La tan esperada reunión de todas las Arcas este año se realiza en la ciudad de Campana, en una finca situada en pleno campo. A pesar de que haya comenzado el otoño todavía hace mucho calor.
El ingreso de Giorgio se ve acompañado por un fuerte aplauso. Su sonrisa enciende los corazones de los hermanos que han llegado numerosos a este momento que han esperado durante todo un año. Todas las dificultades, las tristezas, las preocupaciones se desvanecen como por encanto, su presencia es una ola envolvente llena de alegría, de paz y de amor. Es la Pascua de Resurrección. Él vive este día todos los días. Muriendo en la materia y renaciendo en el espíritu.
Juan Alberto Rambaldo abre la reunión con su habitual profundidad espiritual que tanto emociona: “Le agradezco a Giorgio que hoy se encuentra con nosotros en un día tan especial como la Pascua de Resurrección y espero que cada uno de nosotros tomemos conciencia del significado de lo que tenga para decirnos. También quiero agradecer a los hermanos paraguayos, chilenos, uruguayos, mejicanos que representan a todos los hermanos de Latinoamérica porque para nosotros es un orgullo tenerlos aquí”.

Giorgio, con sus manos descubiertas y húmedas aún con la sangre color rojo vivo de los estigmas, toma la palabra y la misma es una bendición: Felices Pascuas para todos. Estoy feliz de estar aquí con vosotros. Era un deseo del Cielo que yo estuviera aquí en esta Santa Pascua, esperemos que algún día podamos tener la oportunidad de reunirnos todos los hermanos de las arcas del mundo, todos, sin excepciones. Pero ¿cuál es el motivo por el que estoy aquí? El de cumplir con nuestra misión. Pero ¿cuál es nuestra misión? Nuestra misión es la de anunciar el Retorno de Cristo, vivir Su mensaje y poner en práctica la Comunión Crística entre nosotros. Cristo nos habla, no está ausente, no está en silencio, está presente, nos envía señales y mensajes y uno de estos, el último, es el que quiero compartir con vosotros.

Giorgio lee el sublime mensaje de la Santa Pascua que recibiera del Maestro Jesús en el que Él le anuncia que ha decidido el lugar en el que se manifestará a todo el mundo con Su potencia y con Su gloria, anunciando el desencadenamiento de las fuerzas de la naturaleza, exhortándonos a vigilar, a estar unidos, exaltando entre nosotros el Sagrado valor de la Comunión, recordándonos que el camino solitario es una tentación que nos podría llevar inexorablemente lejos de la Luz Crística y por lo tanto lejos de Él. El Maestro nos recuerda además: “¡EL CÁLIZ DE LA COMUNIÓN CRÍSTICA QUE VIVE ENTRE VOSOTROS EXISTE PARA CALMAR LA SED DE VUESTRO ESPÍRITU CANDIDATO A LA REDENCIÓN CON EL AGUA DE LA VIDA! ¡ESCUCHADLO! ¡TENED MI PAZ!”
Cristo se detiene en algunos conceptos básicos para todos nosotros - continúa Giorgio – el primero de todos es la unión. La unión de los llamados, candidatos a ser elegidos. Nosotros formamos parte de la iglesia de Juan. La iglesia espiritual de Cristo es una, pero los apóstoles eran varios y dos de ellos, Juan y Pedro, heredaron la misión de ser los guías de los demás apóstoles. A Juan, que era el predilecto de Cristo, le fue confiada la misión de decir la Verdad, toda la verdad e iniciar a los demás discípulos, que somos nosotros, que tendrían que despertar a las almas para la revelación cósmica. Por lo tanto la iglesia de Juan no es la iglesia de Pedro, ambas forman parte del cuerpo místico de Cristo y son portadoras de dos enseñanzas complementarias. Él dijo: “Os enviaré el Espíritu de Verdad, el Consolador que os dirá toda la verdad sobre las cosas celestes, toda la verdad sobre el juicio”. El Consolador prometido es Juan. Él anuncia la Segunda Venida de Cristo, revela que las armas de Cristo, de la justicia divina son las fuerzas de la naturaleza, nos dice que tenemos que hacer una revolución pero no una revolución armada porque no tenemos necesidad de armas. Nuestra arma es el Verbo. Este mensaje de Pascua es también una avdertencia para nosotros porque el Maestro nos pide, es más, nos da la orden de estar unidos. De estar todos unidos, espiritualmente, pero también humanamente, viviendo la hermandad universal porque la división nos llevaría a la segunda muerte. Estoy aquí para que podáis comprender cada vez más que estamos en el final de los tiempos, quiénes somos, a dónde vamos, cuál es nuestra verdadera iglesia, cuál es nuestro papel en el marco de la misma, cuál es nuestra misión final. Y estoy aquí para responder a vuestras preguntas.
Este tiempo no es diferente al de hace dos mil años, cuando Cristo se levantó de su sepulcro y se dejó ver por las mujeres, por Su madre y por Sus apóstoles. Hoy también Cristo ha resucitado y como en aquel entonces ahora se manifiesta ante nosotros, por ejemplo ante mi, que soy vuestro hermano, Él se presentó con Su cuerpo resucitado de hace dos mil años, y ya hace 23 años que me habla y que constantemente me dice “Estoy, estoy presente, díselo a tus hermanos, prepáralos para mi potencia y mi gloria”. Hace dos mil años vivían el milagro de la presencia de Cristo, el milagro de la resurrección pero también vivían la cotidianidad como hoy. En el Evangelio hay una anéctoda que se refiere a hoy, a nuestra vida cotidiana de este tiempo. Unos días después de la Resurrección del Maestro los apóstoles fueron a Galilea. A pesar de haber visto nuevamente a Jesús, resucitado, a pesar de que hubieran hablado con Él, de que lo hubieran tocado, de que lo hubieran besado, se preocupaban de que no tuvieran para comer y se preguntaban cómo hacer: “¿Cómo hacemos? No tenemos para comer, pidámosle a alguien si nos puede prestar algo de dinero, busquemos un trabajo.” Hablaban entre ellos, entonces Pedro le dijo a Juan, a Santiago y a los demás: “Vamos a pescar, además ese es nuestro trabajo” y fueron a pescar al lago Tiberíades frente a Cafarnao. Allí detuvieron sus barcazas toda la noche pero no lograron pescar casi nada y volvieron tristes y desilusionados, cada vez más preocupados a pesar de que estuvieran viviendo el período más importante de la humanidad. Estaban siendo probados en la fe. En un determinado momento vieron un fuego que ardía a lo lejos, era el amanecer, un hombre estaba al lado de la fogata asando pescado, los apóstoles decidieron acercarse y cuanto más se acercaban al hombre más reconocían a Cristo resucitado. Muy emocionados llegaron a su lado y Él les dijo: “¡Eh muchachos! ¿No habéis pescado nada? Ellos, con una gran vergüenza y una profunda humildad respondieron que no habían pescado nada, entonces Jesús les ofreció pescado y les dijo que fueran a un lugar específico y que arrojaran las redes. Ellos le obedecieron y de esa forma lograron pescar tanto pescado que incluso las redes se desgarraron y tuvieron que pedirle ayuda a los pescadores de las barcazas cercanas. ¿Cuál es entonces la moraleja de esta anécdota? Que a pesar de que hoy vivamos en uno de los momentos más importantes de la historia, con la presencia de las señales de Cristo, de las señales celestes que se manifiestan al mundo, de todos modos tenemos que vivir la cotidianidad, tenemos que trabajar, buscar dinero para poder vivir, para poder dar de comer a nuestros hijos. Pero todo esto lo tenemos que vivir con Fe. A veces nos puede parecer que Él no está pero no es así, en el momento en el que necesitamos de Él, Él está. A pesar de que nunca nos de la riqueza. Para aquellos que lo ven y también para aquellos que no quieren verlo, éste es el tiempo más importante, pero también el más terrible de la historia de la humanidad y todos nosotros estamos jugando nuestro último partido. Es como si estuviéramos jugando la copa del mundo, en la que no podemos ni empatar ni mucho menos perder.
Tenemos que ganar pero podremos ganar solo con la fe, con nuestra fe. Las señales de los tiempos se están manifestando en el mundo, los estigmas que sangran, las apariciones sagradas, las manifestaciones de astronaves extraterrestres, los ángeles del cielo, en todo el planeta, terremotos y chispas de guerra. Justamente el pasado viernes Santo Corea del Norte amenazó con una guerra mundial. Otra señal fue la elección de un Papa latino, perteneciente a la Galilea de los Gentiles. Un Papa que podría cambiar la iglesia, podría reformarla y hacer que vuelva a ser la Iglesia de Cristo. Pero también tiene la posibilidad de destruirla con su silencio, si no dice la verdad sobre los crímenes del Vaticano, la pedofilia, el Banco del Vaticano en el que la mafia lava su dinero, un dinero de sangre, de asesinos, de delincuentes; en donde hay una curia vaticana de cardenales criminales, de degenerados sexuales. Por lo tanto el Papa Francisco podría convertirse en el segundo testigo del Apocalípsis o si llegara a aceptar el silencio o se corrompiera se convertiría en un brazo del anticristo. ¿Por qué es tan dura y determinada mi opinión? Porque Cristo le enseñó a la iglesia de Juan que no tenemos que mirar a las personas por la fe que profesan, o por la autoridad que manifiestan, o por el grado militar que poseen, sino por sus frutos. En este sentido las observamos, las apoyamos, o bien las denunciamos. No somos hipócritas. Simplemente queremos la Verdad, la verdad que libera al hombre. Me gustan mucho las actitudes de este nuevo Papa, a veces sus palabras me gustan un poco menos. Ayer dijo: “Dios reacciona en contra del mal con Su misericordia y con el perdón”. No es así. Es una mentira. Cristo perdona infinitamente, con gran misericordia a aquellos que se arrepienten pero Dios también castiga. Cristo dice en el Evangelio: “Regresaré y juzgaré a todos. Aquellos que hayan blasfemado en contra del Espíritu Santo no serán perdonados”. Me tomo el atrevimiento de hablar así en cuanto a la iglesia de Pedro porque no tengo que someterme al dogma católico de la obediencia, ya que mi iglesia es la iglesia de Juan, en la que todos somos hermanos y al único que tenemos que obedecer es a Cristo, ya que en la misma Él nos ha dejado un guía que está representado por el apóstol predilecto que es Juan. En realidad nuestra iglesia no es una institución, nosotros nos reunimos como los antiguos cristianos en las catacumbas. Nuestra institución es espiritual. Tenemos que seguir las señales, cada uno de nosotros es protagonista de la Segunda Venida de Cristo. Protagonista significa que cada uno de vosotros es un Giorgio Bongiovanni, cada uno de vosotros tiene los estigmas invisibles. Vosotros sois estigmatizados. No tenéis los estigmas sangrantes pero tenéis los estigmas invisibles.
Habéis sido señalados y es por ello que vuestra responsabilidad aumenta, crece. Siempre habéis pensado y dicho: la misión de Giorgio, los estigmas de Giorgio, Giorgio sangra, tenemos que ayudarlo, tenemos que estar cerca suyo, tenemos que apoyarlo y humildemente nosotros también somos discípulos de Cristo. Ahora en cambio vosotros también os habéis convertido en estigmatizados espiritualmente. Por lo tanto por haber recibido el honor de llevar la señal de Cristo en vuestro espíritu tenéis que imitar a vuestro hermano Giorgio, dejar todo, convertiros en servidores de vuestros hermanos, trabajar por la armonía, por la unión, y estar siempre sedientos de justicia. Yo no tengo ningún poder por ahora, el único poder que tengo es la fuerza del amor y utilizo este poder para tratar de imitar a mi Señor, y lo seguiré utilizando hasta el extremo sacrificio, para salvar a mis hermanos. No tenéis que sentir culpa cuando sabéis que yo sangro, como algunos de vosotros me han dicho, porque vosotros también sangráis espiritualmente, sino que tenéis que sentiros protegidos por esta sangre. Protegidos espiritualmente porque esta sangre mantiene firme nuestra unión. El Cáliz de la Comunión que sangra fortalece nuestra unión y tenemos que estar agradecidos a Cristo por ello. Jesús dijo: “Lo más grande que un hombre puede hacer en la Tierra es dar la vida por sus amigos”, y esta es mi misión. Nuestra señal es la señal de los estigmas y no es poco, la iglesia de Pedro no tiene esta señal, en el pasado la tuvo a través del Padre Pío, de San Francisco, pero no la supo reconocer. Yo soy un Cáliz, este cáliz sangra y yo mismo bebo de esta copa, del Santo Grial, que se llama Nibiru. Algún día este cáliz podría dejar de derramar Su sangre y podría transformar la cruz en espada pero nunca en vuestra contra. He venido a este mundo por vosotros, queridos hermanos, para abrazaros y reuniros debajo de las alas de Cristo. Jamás podría hacer un acto de justicia en vuestra contra y si el día de mañana el Cielo me llegara a dar un poder jamás lo utilizaría en contra de mis hermanos. Lo utilizaría en contra del anticristo.
Entonces, como os decía antes, nuestro compromiso con Cristo ahora es más grande. Recordad que yo no puedo hacer nada para obligaros a cumplir vuestra promesa, ni podré hacer nada si llegarais a querer renunciar. Porque sois los llamados, sois aquellos a los que en el Evangelio se los define como “Los señalados en la frente”. Señalados en la frente con la señal de Cristo. El maligno hace de todo para alejaros de esta señal. La renuncia a las cosas materiales tiene que ser total, la renuncia a los celos, a la envidia, tiene que ser total, el impulso por amar a los hermanos, por buscarlos, por tratar de mantener constantemente la unión tiene que ser la base, mientras permanezca en este mundo tenéis que buscarme, tenéis que pedirme sugerencias, consejos, tenéis que participar en todo lo que hago cada día. Tenemos que ganar esta batalla en contra del diablo porque el número de los integrantes de la iglesia de Juan en este momento es suficiente como para que formen parte de la nueva era. No somos los únicos candidatos, en el planeta Tierra hay muchos otros, entre los que se encuentran algunos hermanos que forman parte de la iglesia Católica, muchos de los candidatos no conocen la verdad, nuestra tarea es la de transmitir la verdad, la Verdad sobre el Cielo, sobre los extraterrestres, sobre la reencarnación, sobre las dimensiones espirituales, sobre la evolución del hombre, sobre las profecías, sobre la creación del Sol, de las Estrellas, sobre la Inteligencia Suprema; todas estas cosas son las que tenemos que transmitirles a los demás y al mismo tiempo tenemos que fortalecernos, tomar conciencia de quiénes somos. Mañana 7 de Abril nos saludaremos y yo regresaré a Italia, lo que tenéis que decir esSoy un señalado por Cristo” con orgullo y humildad y ofrecer esta cristificación, ofrecer nuestra vida misma. No estamos condenados a dar la vida, sino que nos sentimos honrados de dar la vida por Cristo. Formar parte de la Tribu de Juan significa dar la vida por Cristo, incluso física, o por lo menos estar dispuestos a hacerlo. Somos servidores del Dios Adonay y somos enemigos de Yavé. No hay ninguna iglesia que sepa explicar porqué peleaban estos dos Dioses en la Biblia. Nuestro Cristo Salvador que es el Cristo Salvador de todo el mundo vino para aclararnos también esto, que en la Biblia estaba el Padre Adonay pero también estaban presentes otros Dioses a los que la Inteligencia Suprema les permitía realizar obras para tentar en la fe al pueblo elegido. Por lo tanto tened cuidado porque sin darnos cuenta podemos convertirnos en servidores del Dios Yavé que es el Dios de la materia. Creo que no hace falta que os explique qué es la materia. La materia es el egoísmo, el materialismo, el miedo. La materia es tener miedo a la muerte, tener miedo a no tener dinero, o a no tener lo suficiente, tener miedo de perder algo o a alguien, la materia es todo aquello que es egoísmo, celos, tiranía, poder, dictadura. Nosotros estamos a la antítesis de todo esto. A veces nos toca tomar decisiones fuertes, tomar posición sobre de qué lado estar y cuando hay justos en la sociedad, que dan la cara, nosotros tenemos que salir a las calles y apoyar a estos justos que son nuestros hermanos. Si hay alguien entre nosotros que no apoya la justicia significa que es un traidor. ¿Estáis listos para la última etapa? Mientras permanezca en este mundo, hasta el último momento, estaré siempre a vuestro lado para fortalecer nuestra fe, para que podamos seguir haciendo obras. Lo que pretende el maligno es nuestra división y que no difundamos la verdad, a él no le interesa si hacemos una gran iglesia, con mucha gente, a él lo que le interesa es que no denunciemos, que no pidamos justicia. A nosotros no nos interesa hacer templos porque el templo es nuestro cuerpo en el que reside nuestro espíritu que es un espíritu servidor de Cristo. Esta unión es necesaria, también físicamente, porque somos humanos y tenemos que sentir el amor del hermano que está a nuestro lado. Os amo. Gracias.  

Los hermanos llenan la gran sala. Muchas lágrimas surcan sus rostros. El Verbo se ha hecho palabra penetrando en el corazón de los amados por Cristo. Aquellos para quienes el Maestro le pidió protección al Padre.

Así termina la primera parte de la reunión. Las palabras de Giorgio son puntos de fuerza para nuestros espíritus, para que podamos continuar con fuerza y constancia el trabajo en la viña del Señor. Llega la hora de ir a comer. Nuestros dulces hermanos de Campana han organizado un gran buffet para todos para que podamos alimentarnos. Giorgio aprovecha esta pausa para reunirse con los representantes, y los hermanos presentes, de las Arcas de Paraguay, de Chile, de Méjico, que aprovechan de ese único momento íntimo para poder transmitirle las dificultades vividas a lo largo del año que acaba de pasar, las actividades realizadas y las que tienen en programa para el futuro. Momentos vividos intensamente y con gran emoción que refuerzan la unión de los hermanos de la tribu de Juan. El Cáliz está allí para esto. Y así comienza la segunda parte de este encuentro. Giorgio abre el espacio para las preguntas.

La relación de Jesús y de Juan el Bautista con los Esenios.

La relación que Jesús tenía con Juan el Bautista era fraternal, Jesús era un hermano-maestro y Juan el Bautista un hermano-discípulo. Cuando eran niños frecuentaban una comunidad iniciática que era considerada como una secta porque eran simples como nosotros, no tenían una institución y en un cierto sentido no tenían la posibilidad, como nosotros, de reunirnos libremente. Había una represión y se reunían en secreto, algunos eran judíos, otros eran extraterrestres que venían de “El Dorado” y otros eran nazarenos. Quienes no eran de Nazaret eran personajes que eran considerados como profetas. Jesús y Juan el Bautista se encontraban entre ellos.

¿Quiénes eran los nazarenos?

Los nazarenos (que no significa que sean habitantes de Nazaret, n.d.r.) eran hombres destinados a tener una misión profética. Jesús y Juan el Bautista eran nazarenos. En aquel tiempo nadie sabía que Jesús era el Cristo, el Mesías, además Juan el Bautista y los extraterrestres. Los esenios sabían que Jesús llegaría a tener una misión como profeta, una gran misión. Cuando los maestros esenios enseñaban, Jesús entraba, se sentaba, y de repente a su alrededor se creaba una vibración tan fuerte, mágica, que los maestros esenios instintivamente le daban la palabra y Él comenzaba a enseñar aunque fuera muy joven, apenas tenía 14, 15 o 16 años. En realidad era Él el que enseñaba a los esenios. Después de este tiempo comenzó a viajar, no con un burro, sino con las astronaves. Vino hasta aquí, viajó a las Indias, hasta Norteamérica, a Europa, creaba arcas, grupos espirituales, en los que revelaba quién era, dejándose ver por los iniciados de esos pueblos (Apaches, Sioux, etc.).

¿En el cosmos se sabe lo que está ocurriendo aquí en la Tierra?

No todos lo saben, las civilizaciones que forman parte de la Confederación Interestelar, que son miles de millones, si, lo saben.

¿Están observando lo que está ocurriendo en la Tierra?

Si, y están participando directa e indirectamente en el cambio de esta civilización. Nuestra humanidad es lo que en el Evangelio Cristo llamó la oveja descarriada. Nuestra humanidad es la oveja descarriada y el pastor que tiene a sus otras 99 bajo control se preocupa por la que se ha descarriado y va a buscarla.

¿Cómo tenemos que relacionarnos con la iglesia de Pedro quienes pertenecemos a la iglesia de Juan?

La Iglesia de Cristo es una única iglesia y la misma compone Su Cuerpo Místico, las escuelas pueden ser diferentes. Nosotros tenemos que ayudar a la Iglesia de Pedro, participar, pero no aceptar los dogmas y transmitir nuestro conocimiento, denunciar el mal que se ha introducido en ella y exaltar el bien, ésta es nuestra tarea.

¿Qué ocurrirá con las fuerzas de la naturaleza?

Siempre hemos sido protegidos por las fuerzas de la naturaleza, pero ahora la situación ha cambiado y sea lo que sea que ocurra, ellos, los extraterrestres, no podrán evitarlo, al contrario, impulsarán para que se cumpla lo que se tiene que cumplir, es por ello que éste es el tiempo de la justicia del Padre. Esto significa que todo lo que la humanidad tenga que sufrir, lo sufrirá. Si un asteroide se acercara a la Tierra ellos no lo detendrán, si se llegara a desencadenar un terremoto no lo evitarán, o una guerra atómica no la bloquearán. Ésta es la diferencia con respecto a los años anteriores y todos nosotros tenemos que prepararnos para ello. Nos tocará vivir momentos terribles pero nosotros que somos los iniciados de Juan tenemos la tarea de ayudar a la humanidad, a toda esa humanidad que quiere ser ayudada a superar este sufrimiento. Ha sido dicho: muchos los llamados y pocos los elegidos. Es por ello que las pruebas serán muy grandes al punto tal que los llamados se perderán si los tiempos no son abreviados. Tenemos que intentar vivir estas reuniones espirituales todos juntos, intensamente, momento a momento, vivirlos con todas nuestras células porque serán el combustible que nos permitirá, en los momentos terribles que próximamente se manifestarán, seguir adelante con fe y fuerza interior. “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos”, dijo el Maestro, y nosotros tenemos que recordarlo siempre y ser felices de lo que ocurra porque será necesario que ocurra. El Evangelio (Mateo 27:6) dice: “Y habréis de oír de guerras y rumores de guerras, hambre, pestilencias, terremotos,, señales en el cielo”. Y Cristo nos dice “pero vosotros no temáis porque es necesario que acontezca y de todos modos no será el fin hasta que el Hijo del Hombre aparezca en el Cielo con gran potencia y gloria”. Hasta ese momento tenemos que resistir y Él nos advierte, nos pide que estemos atentos porque podríamos perdernos y en cambio no nos tenemos que perder.

¿Cómo trabajar para desarrollar la humildad y anular el ego?

Hay una frase del gran filósofo Sócrates que dice expresando la conciencia de la propia ignorancia: “SOLO SE QUE NO SE NADA”. De la misma forma en que nosotros aprendemos el conocimiento de la Verdad Universal tenemos que comprender cuán pequeños somos. Si observáis la bóveda celeste en una noche llena de estrellas o si miráis las fotografías, que podéis encontrar en internet, tomadas por la sonda espacial en las que se ve Saturno y a lo lejos un minúsculo punto más pequeño que una miga de pan que es nuestro planeta, ¿cómo os sentís? Dentro de esa miga estamos todos nosotros con nuestros problemas. Por lo tanto ¿qué somos? Nada. ¿Qué somos frente al Cosmos? ¿Qué somos frente a la Inteligencia Suprema? Tenemos que ampliar cada vez más nuestro conocimiento, disminuir nuestro ego y exaltar el valor de la humildad. Cuanto más humildes somos más conocimiento adquirimos. Éste es el secreto. ¿Cómo puede el hombre adquirir la divinidad? Con el conocimiento: la gnosis. Pero ¿cómo obtener la gnosis? Con la humildad. Resumiendo el concepto, la humilidad te permite adquirir el conocimiento y alcanzar la gnosis mientras que el ego te hace permanecer en la ignorancia. Alcanzar la gnosis significa ser discípulo de Cristo.

¿Podrías hablarnos de los días que Cristo transcurrió en el desierto?

Era necesario que Cristo preparara y fortaleciera el cuerpo y el espíritu de Jesús antes de poder cohabitar con Él, antes de la personificación. ¿Y cómo fortalecer Su naturaleza humana? Enviándole al demonio que es el personaje más adecuado para ponerlo a prueba. Cristo, como es un Dios Solar que vive en la eternidad de la divinidad tenía que superar la prueba de ser hombre con sus debilidades naturales, con sus pasiones, con sus instintos animales, con sus sentimientos de hombre. Sentimientos y debilidades típicas de la tercera dimensión como la arrogancia, la prevaricación, los celos, la envidia, el ego. Por lo tanto el padre le dio via libre al demonio para que pueda tentar a Su hijo. “Si te sometes a mi te daré todo el poder de este mundo” le dijo el diablo a Cristo, ofreciéndole así la eternidad material en lugar de la espiritual; “Si como dices eres el Hijo de Dios entonces arrójate de esta montaña y Tus Ángeles vendrán a salvarte” le ofrece el poder científico material. Y le ofrece de rebajarse a sentimientos humanos para poder someter a los hombres. Pero Cristo al estar dentro del cuerpo de Jesús supera la prueba y le dice al demonio: “Vete Satanás, no tientes al Señor tu Dios. No solo de pan vive el hombre”. Mientras tanto Su precursor tiene que superar la prueba de dar la vida por Su Maestro. Y la supera.

Todos somos estigmatizados.

Esta mañana decíamos que todos somos estigmatizados. Digamos que yo soy el portavoz de los precursores que sois vosotros y si vosotros que habéis elegido servir y ser testigos de la iglesia de Juan no cumplís con vuestra tarea, o si yo mismo no llegara a hacerlo, iremos a la segunda muerte. Hemos tenido el privilegio de conocer la verdad de Cristo, la Verdad por la cual hoy nos sentimos honrados de conocer al Consolador prometido al cual nos hemos unido y a través del cual hemos recibido los estigmas espirituales. Esto significa que no podemos darnos el lujo de detenernos o de retirarnos porque la segunda muerte se convertiría en nuestra compañera inseparable. No es una amenaza queridos hermanos, simplemente es la verdad.

Cristo no perdonará nuestra renuncia.

Cristo perdonará nuestros pecados humanos, nuestras debilidades, pero no perdonará nuestra renuncia. Ocurrirán cosas que pondrán a prueba vuestra fe, es por ello que os doy un nuevo mandamiento: ¡Está prohibido renunciar! En nombre de Cristo os digo que todos vosotros ya habéis sido perdonados por todos los pecados humanos que habéis cometido y que eventualmente cometeréis. Si os digo esto en nombre de Cristo, os digo además que no seréis perdonados si llegarais a abandonar la Obra, a Cristo, a la Verdad, yo intentaré disuadiros por todos los medios pero si no lograra haceros cambiar de idea, seré el primero en denunciar vuestros pecados ante Cristo. Renunciar significa abandonar un camino espiritual para dedicarse a una vida material. Si alguno de vosotros decidiera irse de nuestras arcas y se dedicara por ejemplo a la lucha en contra de la mafia, apoyando a un justo, o a la solidaridad, apoyando a un misionero en ayuda a los niños carenciados, no estaría renunciando a la Obra de Cristo, simplemente habría cambiado de misión. Dejar la Verdad significa dedicarse exclusivamente a la vida material, a sobrevivir, a trabajar, a tomarse vacaciones, a la familia, abandonando la labor social.  

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